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miércoles, 14 de octubre de 2009

NUESTRA VERDADERA IDENTIDAD




Querido Javier, gracias por compartir conmigo este articulo tuyo, ahora lo hago extenso a los que hacemos este "ESPACIO DIVINO" los que lo leen. Un honor ser amigos.


¿Cual es nuestra verdadera identidad? Cada vez más escuchamos estribillos como: “somos lo que pensamos”, “somos lo que sentimos”, “somos lo que comemos” y muchas otras afirmaciones ligeras, al final, pensamos que son ciertas, porque el poder de discernimiento que tenemos, no lo usamos para encontrar el motivo del mensaje.

Detrás de todo mensaje, hay una intención y no hace falta ser un adivino o un experto en psicología de la comunicación, para darse cuenta de la intención de nuestro interlocutor o informante, no importa si el mensaje es bien intencionado o no, siempre hay una intención de base.

¿Que pretenden decirnos mas allá del mensaje verbal, escrito o cinestésico? Veamos los tres ejemplos expuestos en el inicio de esta disertación, ¿somos los que pensamos? Desde luego que no, creemos que somos lo que pensamos y nos “enseñan” a pensar que somos lo que pensamos, pero el mapa no es el territorio neuro-lingüísticamente hablando; pensamos símbolos sobre las cosas materiales y nosotros no somos símbolos, sino seres humanos con demasiada complejidad, de tal forma que es muy aventurera la frase en cuestión.

¿Somos lo que sentimos? Claro que no, sentimos sensaciones y emociones, pero tampoco somos eso, sin embargo hay una relación mente-cuerpo o psicosomática, pero se trata de una relación, no de una identidad, de manera que una parte no es el todo.

Acaso ¿Somos lo que comemos? Ahora nos es más fácil discernir, por la ilustración de los ejemplos anteriores; en consecuencia, no somos lo que comemos, nuestro cuerpo tiene reservas de energía y mecanismos quánticos ignorados por la ciencia convencional, hoy ya se sabe que por naturaleza, somos capaces de vivir utilizando nuestros cuerpos como reactores nucleares para transmutar con técnicas especiales de respiración, a partir del agua y el aire, del aliento o energía vital (o prana según la Medicina Ayurveda) los nutrientes necesarios; estas investigaciones no son del dominio popular, pero tampoco de los círculos de la academia convencional; sin embargo, hay seria documentación al respecto de muchos casos que merecen estudiarse, por lo menos, para ampliar nuestro horizonte informativo.

Las investigaciones de Humberto Mutarana, Juan Valera y otros, nos han demostrado el fenómeno de la autopoiesis, que es simplemente la capacidad de generar en el cerebro ciertos neuro-péptidos a partir de nuestros pensamientos; el Dr. Rick Strassman en su obra: “Di-metil-triptamina, la molécula del espíritu” (en inglés: “DMT (Di-metil-triptamina) The Spirit Molecule”), nos introduce al tema fascinante de las experiencias cercanas a la muerte y las experiencias místicas relacionadas con la DMT, y es que en resumidas cuentas, somos paquetes de energía, ondículas electromagnéticas de conciencia, en vías de alcanzar la conciencia Kósmica a partir de nuestra experiencia humana.

Las creencias que nos “imponen” los medios de comunicación, interesados en vendernos algo, ya sean productos o servicios, nos inducen maliciosamente, a pensar lo que somos según ellos, hurtándonos nuestra verdadera identidad. Cada vez que escuchemos tales estribillos capciosos, pongamos atención y discernamos con sabiduría; respecto a nosotros, nada de lo que se dice comercialmente, corresponde a nuestra verdadera identidad.

Entonces, cual es nuestra verdadera identidad? Nuestra verdadera identidad es de orden espiritual, pues en última instancia, no somos nuestros cuerpos, ni nuestros pensamientos, sentimientos, emociones y sensaciones; sino espíritus viviendo experiencias humanas.

Nuestra verdadera identidad es el Ser, el Ser en cuanto “ser” esa misma esencia espiritual que permea todo el universo en todas direcciones, niveles y dimensiones, desde lo infinitamente pequeño hasta lo infinitamente grande.

Nuestros sentidos nos engañan a menudo, la realidad que vemos, corresponde a la estrechez de nuestros sentidos físicos, oye más un perro, ve más un gato, a gran distancia, un águila tiene una agudeza visual extraordinaria, detecta mejor los rayos infrarrojos una serpiente que nosotros, y como un radar vivo, un murciélago no ve y cuando vuela en la oscuridad, no choca con los objetos a su paso.

Nuestros sentidos tienen un espectro reducido para percibir toda la realidad, percibimos concientemente solo dos mil (2000) bits de los cuatrocientos millones (400,000,000) de bits por segundo que procesa nuestro cerebro en forma inconsciente, nuestros juicios están basados en los fragmentos que captamos de esa realidad y sin embargo, hemos construido, ciudades, caminos, supercarreteras, puentes, torres, catedrales, edificios, palacios, pirámides, obeliscos, estatuas, museos, hospitales, escuelas, complejos comerciales, submarinos, barcos, aviones, helicópteros, rascacielos, naves espaciales, computadoras, supertelescopios, microscopios potentes y cuanta tecnología se nos antoja para vivir mas cómodamente en el mundo material y externo; imaginémonos ¿como sería nuestra vida si usáramos concientemente esos cuatrocientos millones de bits?

Con todo y eso, en la dimensión del alma no hay edificaciones, sino ideas, hábitos, costumbres, conductas, facultades psíquicas y por sobre todas las cosas, una espiritualidad surgida del amor más puro: el AMOR INCONDICIONAL, pues antes que hombres, somos espíritus, espíritus viviendo una experiencia humana, lo eterno del espíritu, prima sobre lo temporal, lo efímero o superficial de lo físico.

Ser hombre no es aparentar una figura, una imagen, un cuerpo; ser hombre significa realizar nuestro potencial espiritual en todo momento lugar y circunstancia.

Ser hombre es un estilo de vida espiritual, sin importar el oficio, carrera o profesión que tengamos, o en su defecto, ninguna ocupación social en particular.

En el ajetreo de la vida cotidiana, aquellos que viven en conflicto consigo mismo, viven en conflicto con los demás; las guerras son el espejo de nuestra ira, avaricia y estupidez; al final de las guerras, nadie gana, todos perdemos, unos la vida, otros sus bienes, o a sus seres queridos, su comodidad, sus pertenencias mas queridas y mucho de su inventario material y emocional; todo por desconocer su propia naturaleza espiritual, su única y verdadera identidad.

Parodiando a Mahatma Gandhi, diríamos, si queremos vivir en paz, no hay camino para conseguirla, la paz es el camino.

Y para concluir, puedo decir sin temor a equivocarme, que la verdadera misión del hombre (como especie y no como género) es vivir desde su identidad espiritual que por naturaleza la corresponde.

Si observamos bien nuestra vida, podemos convenir unánime y categóricamente, en que: “Hay dos momentos espectaculares en la vida de cada uno de nosotros, el momento de nacer y el momento en que se descubre porqué y para qué vivimos.”

No hay religión mas elevada que la verdad, ni verdad mas elevada que la sabiduría, ni sabiduría mas elevada que el amor incondicional (Janasan)

La reflexión es el camino para encontrar nuestra verdadera identidad (Janasan).

miércoles, 14 de octubre de 2009 Autor: Javier Navarro Sándigo (Janasan)


1 comentario:

mir.tab dijo...

Gracias al universo que todavia hay seres increiblemente conscientes de toda nuestra verdad.Estoy segura de que podemos lograrlo,gracias a javier por hacer un llamado a nuestra conciencia y a ti Eva por este espacio tan necesario en el corto trecho de nuestra existencia. besos: Mirta