RECOMENDACIONES

jueves, 29 de octubre de 2009

SHIRODARA (Tratamiento ayurvedico)


Shirodara, palabra en sánscrito, se compone de la palabra Shiro (flujo de energía de la cabeza a los pies) y dhara (se refiere a Vasus, dios del Cosmos que representa la tierra y el flujo de las cosas).

En ayurveda el flujo constante de aceite caliente sobre la cabeza se conoce como Shirodara. la terapia, aunque de apariencia simple, tiene matices místicos: muy rejuvenecedora que consiste en verter en la frente y cejas (lo que otros llamamos el sexto chakra), de manera continua, un aceite que se encuentra a temperatura justa, a la vez que se masajea el cuero cabelludo. El resultado es muy similar a un estado de meditación: calma la mente. Otra variedad, es recibir un masaje corporal y continuar con el SHIRODARA.

Este tratamiento es excelente para el insomnio, la ansiedad y nerviosismo,

La palabra chakra significa rueda . Se trata de centros de energía, como ruedas o molinos. Estos chakras están representados por color, luz y sonido y se encuentran alineados de manera ascendente, desde la base de nuestra espina hasta el tope de la cabeza o Corona. Cada Chakra se asocia con un color y una o varias funciones sicosomáticas.
Representan distintos aspecto de la conciencia: entre más se asciende en el nivel de nuestros chakras, mayor conciencia adquirimos. El Shirodara es un método para hacer fluir el sexto chakra.

miércoles, 28 de octubre de 2009

viernes, 23 de octubre de 2009

Principio de SINCRONICIDAD





El universo es más milagroso de lo que suponías. Todo está planeado tan exquisitamente que en cualquier momento dado, todos recibimos de los demás actores de nuestra vida las enseñanzas que necesitamos. Los maestros espirituales enseñaban que todo es uno; que el progreso tuyo es el progreso mío, que tu aflicción es mi aflicción. También decían que todo estaba relacionado, a determinado nivel. El concepto no es fácil de entender, pero explica por qué, cuando nosotros cambiamos, todo cambia a nuestro alrededor.
El cambio mental consiste en pasar de ver un mundo hecho de cosas a ver un mundo de posibilidades, abierto y fundamentalmente hecho de relaciones. Cuando ocurre este cambio fundamental, nuestro sentido de la identidad también cambia y empezamos a aceptarnos mutuamente como seres humanos legítimos.
Después, cuando aceptamos este cambio fundamental, empezamos a vernos como parte del despliegue; también vemos que es prácticamente imposible que nuestras vidas carezcan de significado.
Operando en ese estado mental y de ser distintos, llegamos a una sensación muy diferente de lo que implica estar comprometido. Cuando empieza a operar este nuevo tipo de compromiso, hay un flujo a nuestro alrededor. Las cosas parecen ocurrir sin más. Cuando estamos en un estado de compromiso y rendición, empezamos a experimentar lo que a veces se ha dado en llamar «sincronicidad» .
La sincronicidad es un principio de conexión no causal, una coincidencia significativa de dos o más sucesos en la que esta implicado algo más que la posibilidad aleatoria. Es la ocurrencia simultánea de unos eventos que corresponden a un mismo sentido, sin que haya entre ellos relación de causa y efecto.
Los acontecimientos sincronizados son una señal de que nos hallamos recorriendo el sendero adecuado, y también nos dicen cuándo no es así; al nivel más profundo, nos demuestran que no somos meros observadores, sino participantes de una red cósmica interconectada.
A veces, yendo de compras, te encuentras por casualidad con alguien con quien necesitabas hablar pero a quien no había manera de encontrar. Ambas partes han sido llevadas a esa tienda de manera «coincidente» al mismo tiempo, y todo ocurre de un modo que está más allá de la mente racional.
Puedes tomártelo como una simple coincidencia o puedes reconocer de lo que se trata: de la misteriosa interacción de nuestro poderoso inconsciente en el mundo físico, sobre todo si más tarde recibe otras señales que le indican que hace lo correcto.
La sincronicidad es un resultado. Es importante comprender las causas subyacentes de la sincronicidad porque, si no lo hacemos, podríamos intentar producirla de la misma manera que intentamos controlar el resto de nuestra vida. La gente tiene a elevar la sincronicidad a la categoría de una experiencia mágica.
Este fenómeno es algo muy terrenal como el agua que fluye ladera abajo debido a la atracción de la gravedad, aunque nadie sabe exactamente cómo funciona la gravedad, podemos observar sus resultados. En el delicioso fluir de esos momentos parece que nos ayudaran unas manos ocultas, el que crea las condiciones para los «milagros predecibles».
Si admitimos la idea de la sincronicidad, entonces nuestra vida tiene sentido, todo acontecimiento de ella y toda persona que intervenga obedecen a un sentido y no nos sentimos como víctimas.
Mientras nos diferenciemos de los demás es fácil echarles la culpa de lo que nos pasa; si admitimos que estamos conectados, tendremos que asumir más responsabilidades, incluso cara a los demás.
Las personas felices y eficaces abrazan este concepto de «unidad». Para ellas todo lo que ocurre contribuye al sentido de su vida. Confían en que las circunstancias se sincronizarán a su favor. Los individuos eficaces no participan de la opinión de que la vida es una lotería.
Todos nosotros, seamos guerreros o no, tenemos un centímetro cúbico de suerte que surge frente a nuestros ojos de vez en cuando. La diferencia entre el hombre común y el guerrero es que el guerrero es consciente de esto, y una de sus tareas es estar alerta, esperando deliberadamente, de manera que cuando surge este centímetro cúbico tenga la velocidad necesaria, la valentía, de atraparlo.

DIARIAMENTE, EN CADA MOMENTO EN QUE PUEDAS, CONÉCTATE CON TU CORAZÓN, Y DESDE ALLÍ , ENVÍA LUZ Y AMOR A TODA LA VIDA EN TODAS PARTES.
ESTE ES EL SERVICIO MÁS IMPORTANTE QUE PUEDES BRINDAR HOY: "PARTICIPAR ACTIVA , CONCIENTE Y AMOROSAMENTE EN ELEVAR LA VIBRACIÓN QUE LA HUMANIDAD APORTA A LA TOTALIDAD

miércoles, 14 de octubre de 2009

NUESTRA VERDADERA IDENTIDAD




Querido Javier, gracias por compartir conmigo este articulo tuyo, ahora lo hago extenso a los que hacemos este "ESPACIO DIVINO" los que lo leen. Un honor ser amigos.


¿Cual es nuestra verdadera identidad? Cada vez más escuchamos estribillos como: “somos lo que pensamos”, “somos lo que sentimos”, “somos lo que comemos” y muchas otras afirmaciones ligeras, al final, pensamos que son ciertas, porque el poder de discernimiento que tenemos, no lo usamos para encontrar el motivo del mensaje.

Detrás de todo mensaje, hay una intención y no hace falta ser un adivino o un experto en psicología de la comunicación, para darse cuenta de la intención de nuestro interlocutor o informante, no importa si el mensaje es bien intencionado o no, siempre hay una intención de base.

¿Que pretenden decirnos mas allá del mensaje verbal, escrito o cinestésico? Veamos los tres ejemplos expuestos en el inicio de esta disertación, ¿somos los que pensamos? Desde luego que no, creemos que somos lo que pensamos y nos “enseñan” a pensar que somos lo que pensamos, pero el mapa no es el territorio neuro-lingüísticamente hablando; pensamos símbolos sobre las cosas materiales y nosotros no somos símbolos, sino seres humanos con demasiada complejidad, de tal forma que es muy aventurera la frase en cuestión.

¿Somos lo que sentimos? Claro que no, sentimos sensaciones y emociones, pero tampoco somos eso, sin embargo hay una relación mente-cuerpo o psicosomática, pero se trata de una relación, no de una identidad, de manera que una parte no es el todo.

Acaso ¿Somos lo que comemos? Ahora nos es más fácil discernir, por la ilustración de los ejemplos anteriores; en consecuencia, no somos lo que comemos, nuestro cuerpo tiene reservas de energía y mecanismos quánticos ignorados por la ciencia convencional, hoy ya se sabe que por naturaleza, somos capaces de vivir utilizando nuestros cuerpos como reactores nucleares para transmutar con técnicas especiales de respiración, a partir del agua y el aire, del aliento o energía vital (o prana según la Medicina Ayurveda) los nutrientes necesarios; estas investigaciones no son del dominio popular, pero tampoco de los círculos de la academia convencional; sin embargo, hay seria documentación al respecto de muchos casos que merecen estudiarse, por lo menos, para ampliar nuestro horizonte informativo.

Las investigaciones de Humberto Mutarana, Juan Valera y otros, nos han demostrado el fenómeno de la autopoiesis, que es simplemente la capacidad de generar en el cerebro ciertos neuro-péptidos a partir de nuestros pensamientos; el Dr. Rick Strassman en su obra: “Di-metil-triptamina, la molécula del espíritu” (en inglés: “DMT (Di-metil-triptamina) The Spirit Molecule”), nos introduce al tema fascinante de las experiencias cercanas a la muerte y las experiencias místicas relacionadas con la DMT, y es que en resumidas cuentas, somos paquetes de energía, ondículas electromagnéticas de conciencia, en vías de alcanzar la conciencia Kósmica a partir de nuestra experiencia humana.

Las creencias que nos “imponen” los medios de comunicación, interesados en vendernos algo, ya sean productos o servicios, nos inducen maliciosamente, a pensar lo que somos según ellos, hurtándonos nuestra verdadera identidad. Cada vez que escuchemos tales estribillos capciosos, pongamos atención y discernamos con sabiduría; respecto a nosotros, nada de lo que se dice comercialmente, corresponde a nuestra verdadera identidad.

Entonces, cual es nuestra verdadera identidad? Nuestra verdadera identidad es de orden espiritual, pues en última instancia, no somos nuestros cuerpos, ni nuestros pensamientos, sentimientos, emociones y sensaciones; sino espíritus viviendo experiencias humanas.

Nuestra verdadera identidad es el Ser, el Ser en cuanto “ser” esa misma esencia espiritual que permea todo el universo en todas direcciones, niveles y dimensiones, desde lo infinitamente pequeño hasta lo infinitamente grande.

Nuestros sentidos nos engañan a menudo, la realidad que vemos, corresponde a la estrechez de nuestros sentidos físicos, oye más un perro, ve más un gato, a gran distancia, un águila tiene una agudeza visual extraordinaria, detecta mejor los rayos infrarrojos una serpiente que nosotros, y como un radar vivo, un murciélago no ve y cuando vuela en la oscuridad, no choca con los objetos a su paso.

Nuestros sentidos tienen un espectro reducido para percibir toda la realidad, percibimos concientemente solo dos mil (2000) bits de los cuatrocientos millones (400,000,000) de bits por segundo que procesa nuestro cerebro en forma inconsciente, nuestros juicios están basados en los fragmentos que captamos de esa realidad y sin embargo, hemos construido, ciudades, caminos, supercarreteras, puentes, torres, catedrales, edificios, palacios, pirámides, obeliscos, estatuas, museos, hospitales, escuelas, complejos comerciales, submarinos, barcos, aviones, helicópteros, rascacielos, naves espaciales, computadoras, supertelescopios, microscopios potentes y cuanta tecnología se nos antoja para vivir mas cómodamente en el mundo material y externo; imaginémonos ¿como sería nuestra vida si usáramos concientemente esos cuatrocientos millones de bits?

Con todo y eso, en la dimensión del alma no hay edificaciones, sino ideas, hábitos, costumbres, conductas, facultades psíquicas y por sobre todas las cosas, una espiritualidad surgida del amor más puro: el AMOR INCONDICIONAL, pues antes que hombres, somos espíritus, espíritus viviendo una experiencia humana, lo eterno del espíritu, prima sobre lo temporal, lo efímero o superficial de lo físico.

Ser hombre no es aparentar una figura, una imagen, un cuerpo; ser hombre significa realizar nuestro potencial espiritual en todo momento lugar y circunstancia.

Ser hombre es un estilo de vida espiritual, sin importar el oficio, carrera o profesión que tengamos, o en su defecto, ninguna ocupación social en particular.

En el ajetreo de la vida cotidiana, aquellos que viven en conflicto consigo mismo, viven en conflicto con los demás; las guerras son el espejo de nuestra ira, avaricia y estupidez; al final de las guerras, nadie gana, todos perdemos, unos la vida, otros sus bienes, o a sus seres queridos, su comodidad, sus pertenencias mas queridas y mucho de su inventario material y emocional; todo por desconocer su propia naturaleza espiritual, su única y verdadera identidad.

Parodiando a Mahatma Gandhi, diríamos, si queremos vivir en paz, no hay camino para conseguirla, la paz es el camino.

Y para concluir, puedo decir sin temor a equivocarme, que la verdadera misión del hombre (como especie y no como género) es vivir desde su identidad espiritual que por naturaleza la corresponde.

Si observamos bien nuestra vida, podemos convenir unánime y categóricamente, en que: “Hay dos momentos espectaculares en la vida de cada uno de nosotros, el momento de nacer y el momento en que se descubre porqué y para qué vivimos.”

No hay religión mas elevada que la verdad, ni verdad mas elevada que la sabiduría, ni sabiduría mas elevada que el amor incondicional (Janasan)

La reflexión es el camino para encontrar nuestra verdadera identidad (Janasan).

miércoles, 14 de octubre de 2009 Autor: Javier Navarro Sándigo (Janasan)


martes, 6 de octubre de 2009

si tienes un sueño, ve a por el!

precioso momento en que el padre retifica sus palabras y da coraje a su hijo, realmente a todos nos ha pasado en algún momento que hemos dudado de nuestro sueño, o alguien nos ha intentado desmotivar, hay que luchar por lo que creemos, a veces trabajando duro... pero la perseverancia nos premia; solo dura un minuto treinta y cinco seg.